Salmo 44 (43), 10-11. 14-15. 24-25
"El Clamor en la Crisis: ¿Por qué te escondes, Señor?"
(10) Pero ahora nos has rechazado y humillado: ya no sales con nuestras tropas; (11) nos hiciste retroceder ante el enemigo y nuestros adversarios nos saquearon. (14) Nos convertiste en la burla de nuestros vecinos, en objeto de risa y de desprecio para los que nos rodean; (15) hiciste de nosotros la fábula de las naciones, y los pueblos nos hacen gestos de mofa. (24) ¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? ¡Levántate, no nos rechaces para siempre! (25) ¿Por qué ocultas tu rostro y te olvidas de nuestra desgracia y opresión?
Este es un salmo de lamentación colectiva que encaja perfectamente con el relato de la pérdida del Arca frente a los filisteos. A diferencia de otros salmos donde el pueblo reconoce haber pecado, aquí los orantes sienten que han sido fieles y, sin embargo, han sido derrotados. Es el grito de un pueblo herido que no entiende el silencio de Dios. Las imágenes son crudas: un Dios que parece "dormido" o que "oculta su rostro" mientras su pueblo es objeto de burla. Es una oración honesta que no maquilla el dolor ni la confusión ante el aparente fracaso de la fe.
La queja creyente ante el sufrimiento incomprensible. El salmo nos enseña que está permitido cuestionar a Dios y expresarle nuestra amargura cuando sentimos que nos ha abandonado, siempre que esa queja se haga desde la relación y el deseo de que Él vuelva a actuar.
Este salmo da voz a los momentos de "noche oscura" en nuestra vida personal o comunitaria:
La honestidad en la oración: A veces pensamos que para rezar hay que estar felices o decir solo cosas "bonitas". Este salmo nos autoriza a decirle a Dios: "Me siento humillado", "Siento que me has fallado", "¿Dónde estás?". La fe no es negar la realidad de la derrota, sino llevar esa derrota ante el Señor. Dios prefiere una queja sincera que una alabanza hipócrita.
Cuando la fe es motivo de burla: Muchos creyentes hoy se sienten como el salmista: "objeto de risa y de desprecio". En ambientes donde la fe es ridiculizada o donde parece que a los que hacen el mal les va mejor, este salmo nos identifica. No estamos solos en ese sentimiento; es una experiencia que el pueblo de Dios ha vivido desde antiguo.
El Dios que parece "dormir": Hay épocas en las que el mal parece triunfar y el cielo parece de bronce. El grito "¡Despierta, Señor!" no es porque Dios realmente duerma, sino porque nosotros necesitamos sentir Su intervención. Nos invita a la perseverancia en el clamor: no dejar de llamar a la puerta de Dios, incluso cuando parece que no hay nadie del otro lado.
¿Me he atrevido alguna vez a ser así de honesto con Dios sobre mis sentimientos de abandono o fracaso?
¿Siento que mi fe tambalea cuando veo que a pesar de mis esfuerzos las cosas salen mal?
En los momentos de "silencio de Dios", ¿me alejo de Él o, como el salmista, le grito con más fuerza para que "despierte" en mi vida?
Señor, hoy nos unimos al clamor de tantos hermanos que se sienten olvidados, oprimidos o burlados. Te presentamos nuestras propias derrotas y la confusión que sentimos cuando el mal parece tener la última palabra. ¡Despierta, Señor, en nuestro corazón! No ocultes tu rostro ante nuestro dolor. Aunque no entendamos tus tiempos, seguimos llamando a tu puerta porque sabemos que solo en Ti está nuestra liberación. Amén.