Salmo 67 (66), 2-3. 5. 7-8
"Que Dios nos Bendiga: Luz de su Rostro para que la Tierra lo Reconozca"
2 Que Dios se apiade de nosotros y nos bendiga, que haga resplandecer su Rostro sobre nosotros, 3 para que su camino sea conocido en la tierra, y su salvación entre todas las naciones. 5 ¡Que los pueblos te alaben, Dios, que todos los pueblos te alaben! 7 La tierra ha dado su fruto: ¡que Dios, nuestro Dios, nos bendiga! 8 ¡Que Dios nos bendiga, y que le teman todos los confines de la tierra!
Contexto
Este es un salmo de bendición y súplica, con un fuerte componente universalista. Comienza con una oración pidiendo la bendición y la misericordia de Dios, y que su Rostro resplandezca sobre el pueblo. La finalidad de esta bendición no es solo para el propio beneficio, sino para que el "camino" de Dios y su "salvación" sean conocidos en toda la tierra y entre todas las naciones. La cosecha abundante es vista como un signo de la bendición de Dios, lo que renueva la petición de que Dios siga bendiciendo para que todos los confines de la tierra lo reconozcan y le teman con reverencia.
Tema Central
El tema central es la súplica por la bendición y la misericordia de Dios, y que haga resplandecer su Rostro, con el propósito de que su "camino" y su "salvación" sean conocidos y alabados "entre todas las naciones" y por "todos los pueblos". La abundancia de la tierra es un signo de esta bendición, renovando el deseo de que Dios bendiga para que "todos los confines de la tierra" lo reconozcan y le teman.
Aplicación a nuestra actualidad
La oración "Que Dios se apiade de nosotros y nos bendiga, que haga resplandecer su Rostro sobre nosotros" es un anhelo profundo del corazón humano. En un mundo donde a menudo nos sentimos desorientados, oprimidos por las dificultades o carentes de sentido, la luz del Rostro de Dios es la esperanza que ilumina nuestro camino. Nos interpela: ¿busco la bendición de Dios en mi vida? ¿Anhelo que su Rostro resplandezca sobre mí, trayendo paz y claridad?
Pero este salmo nos enseña que la bendición de Dios no es para guardarla egoístamente, sino que tiene un propósito universal: "para que su camino sea conocido en la tierra, y su salvación entre todas las naciones." Nuestra propia bendición se convierte en un medio para que otros conozcan a Dios. Esto nos desafía a ser conscientes de cómo vivimos nuestra fe: ¿mis acciones y mi vida reflejan el "camino" de Dios y su "salvación" para que otros puedan verlo? ¿Estoy dispuesto a que mi bendición sea un instrumento para la evangelización y el bien de los demás?
La celebración de que "La tierra ha dado su fruto: ¡que Dios, nuestro Dios, nos bendiga!" nos recuerda la providencia de Dios en la creación y el ciclo de la vida. Nos invita a una gratitud profunda por los dones de la naturaleza y por todo lo que recibimos. Y la reiterada súplica: "¡Que Dios nos bendiga, y que le teman todos los confines de la tierra!" nos muestra una visión global. El "temor" a Dios no es miedo, sino reverencia y reconocimiento de su majestad y soberanía. Nos llama a una intercesión universal, a desear que todos los pueblos, en todas partes, reconozcan al Dios verdadero y se acerquen a Él. Es una invitación a una espiritualidad misionera, que desea que la luz de Dios alcance a todos los rincones del planeta.
Preguntas para la reflexión
¿Cómo se manifiesta la "luz de su Rostro" de Dios en mi vida, y cómo busco esa bendición y misericordia?
¿De qué manera mi vida y mis acciones pueden ayudar a que el "camino" de Dios y su "salvación" sean "conocidos en la tierra" y "entre todas las naciones"?
¿Cómo puedo dar gracias a Dios por los "frutos" de la tierra y por su providencia en mi vida y en el mundo?
¿Qué significa para mí que "todos los pueblos" alaben a Dios, y cómo puedo contribuir a esa alabanza universal?
¿Cómo puedo interceder para que "todos los confines de la tierra" le teman (reverencien) a Dios y lo reconozcan como Señor?
Oración
Dios de misericordia y bendición, haz resplandecer tu Rostro sobre nosotros. Que tu camino sea conocido en la tierra y tu salvación entre todas las naciones. Te alabamos por la abundancia de tus dones y por los frutos de la tierra. Bendícenos, Señor, para que, a través de nuestras vidas, todos los confines de la tierra te alaben y te reverencien. Que tu Reino de amor y justicia se extienda por todo el mundo. Amén.