Salmo 68 (67), 2-5ac. 6-7ab
«El Dios que camina al frente de su pueblo»
2 Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian. 3 Como se disipa el humo, los disipas tú; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios. 4 En cambio, los justos se alegran, exultan en la presencia de Dios, saltan de júbilo. 5ac Canten a Dios, toquen en su honor, alégrense en su presencia. 6 Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada. 7ab Dios da a los desamparados un hogar, abre a los cautivos la puerta de la felicidad.
Este es uno de los salmos más imponentes, dinámicos y complejos del Salterio. Es un canto de victoria y una teofanía (manifestación de Dios) inspirado en el antiguo Canto de Débora (Jueces 5). Tradicionalmente se utilizaba para celebrar el traslado del Arca de la Alianza o para conmemorar las grandes victorias de Israel, donde el pueblo recordaba que sus triunfos no se debían a estrategias militares, sino a que Dios mismo marchaba al frente de ellos como un guerrero invencible. En la liturgia del tiempo de Pascua, este salmo celebra la victoria definitiva de Cristo sobre la muerte y las fuerzas del mal.
El triunfo de la justicia divina y la protección de los vulnerables. El pasaje presenta un fuerte contraste: ante la presencia de Dios, el mal y la injusticia son frágiles como el humo o la cera que se derrite; pero para los justos y los desvalidos, esa misma presencia es fuente de alegría, refugio, libertad y dignidad familiar.
La fragilidad del mal frente a Dios: El salmista usa dos metáforas visuales muy potentes: el humo que se disipa con el viento y la cera que se derrite con el calor del fuego. A veces vemos estructuras de pecado, corrupción, violencia o problemas personales que parecen gigantescos e indestructibles como montañas. El salmo nos recuerda que, ante el poder de Dios, todo eso es tan inconsistente como el humo. ¿Estás magnificando el poder de tus problemas o confías en que Dios los puede disipar en un segundo?
La alegría no es opcional para el justo: El texto dice que los justos "saltan de júbilo" y "exultan". La experiencia de saber que Dios va al frente de nuestra vida debe traducirse en una alegría desbordante. El Papa Francisco suele advertir contra los cristianos con "cara de funeral". La alegría es el reflejo de un corazón que sabe que su Salvador es más fuerte que cualquier dificultad. ¿Tu forma de vivir contagia entusiasmo y esperanza a los que te rodean?
El ADN de Dios (Defensor de los vulnerables): El v. 6-7 revela el verdadero rostro y el corazón del Dios en el que creemos. No es un monarca egoísta que disfruta de su poder de forma aislada; su santidad se manifiesta en ser "Padre de los huérfanos, defensor de las viudas y hogar de los desamparados". En la cultura bíblica, el huérfano, la viuda y el desamparado representaban a los que no tenían derechos ni protección social. Dios se pone de su lado. ¿Tus prioridades y tu mirada se parecen a las de Dios, prestando atención a los marginados de hoy?
De la cautividad a la felicidad: "Abre a los cautivos la puerta de la felicidad". Hoy en día existen muchas formas de esclavitud que no tienen cadenas de hierro: adicciones, dependencias emocionales, la necesidad enfermiza de aprobación, el rencor o el miedo al futuro. El Señor se levanta en tu historia para abrir esas prisiones y devolverte la libertad. ¿De qué cautividad necesitas que el Señor te libere hoy?
¿Qué situaciones o temores en tu vida actual se sienten como "humo denso", y cómo puedes entregárselos al Señor para que los disipe?
¿Te consideras una persona que genera un ambiente de "hogar" y refugio para aquellos que se sienten solos o desamparados a tu alrededor?
¿Cómo equilibre en tu mente la imagen de un Dios fuerte y victorioso con la de un Dios tierno que cuida de las viudas y los huérfanos?
¿Te permites "saltar de júbilo" y agradecer a Dios por sus victorias en tu vida cotidiana, o eres propenso a olvidar rápido sus milagros?
Señor Dios, Tú que te levantas con poder para disipar el humo de nuestros miedos y derretir la cera de nuestras durezas, te alabamos en esta jornada. Gracias porque tu inmenso poder no nos aplasta, sino que se convierte en refugio para los que están solos, paternidad para los huérfanos y libertad para los cautivos. Te pedimos que marches hoy al frente de nuestras vidas, de nuestras familias y de nuestra sociedad; disipa las fuerzas del mal y de la injusticia, y concédenos la gracia de vivir con la alegría profunda de los que se saben protegidos por tu mano victoriosa. Amén.