Este es el Salmo 71 (o 70 en la numeración de la Vulgata), conocido tradicionalmente como la "Oración de un anciano en el sufrimiento". Es una de las súplicas más conmovedoras del Salterio, pues refleja una vida entera de confianza en Dios, desde la juventud hasta la madurez
1. A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre;
2. tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina tu oído y sálvame.
3. Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi roca y mi baluarte eres tú.
4a. Dios mío, líbrame de la mano del perverso.
5. Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
6ab. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno de mi madre tú fuiste mi baluarte.
15. Mi boca contará tu auxilio y todo el día tu salvación.
17. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.
El salmista utiliza imágenes de solidez (roca, alcázar, baluarte). En momentos de incertidumbre o ataques (como menciona el verso 4a), la oración no busca una solución mágica, sino un lugar seguro donde refugiarse mientras pasa la tormenta.
Lo más distintivo de este salmo es la mención del tiempo: "desde mi juventud" y "en el vientre materno". No es una fe de última hora; es el testimonio de alguien que ha visto la mano de Dios en todas las etapas de su vida. Hay una memoria agradecida que sostiene el presente.
El versículo 15 y 17 cierran con una nota de misión. La boca del orante no se cierra tras recibir el auxilio; su propósito es contar las "maravillas" y la "salvación" a los demás. Es la oración de quien se sabe salvado para dar testimonio.
Este salmo suele leerse junto al pasaje de Isaías 49 (el Siervo de Yahvé) porque ambos enfatizan la elección de Dios desde el seno materno. Mientras Isaías habla de una misión hacia afuera ("luz de las naciones"), el Salmo 71 muestra la dimensión interior de esa misma vocación: la confianza absoluta en que Dios no abandona a quien ha caminado con Él toda la vida.