Salmo 86 (85), 1-6
"Oración del pobre ante la bondad de Dios"
(1) Inclina tu oído, Señor, y respóndeme, porque soy pobre y miserable; (2) protege mi vida, porque soy fiel; salva a tu servidor que en ti confía. (3) Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor, porque te invoco todo el día; (4) alegra el alma de tu servidor, porque a ti, Señor, elevo mi alma. (5) Tú, Señor, eres bueno y perdonas, eres lleno de misericordia con todos los que te invocan. (6) Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.
Este salmo es conocido como la única "Oración de David" en el tercer libro del Salterio. A diferencia de los himnos majestuosos, este es un lamento individual lleno de confianza. David no se presenta aquí como un rey poderoso, sino como un "pobre y miserable" (ani we-ebyon), términos que en la Biblia no solo indican falta de dinero, sino la actitud de quien sabe que su única seguridad es Dios.
El lenguaje es de una intimidad profunda. El salmista "eleva su alma" —un movimiento de ascenso— buscando salir de la angustia para descansar en la naturaleza de Dios, que es definida por tres rasgos: bondad, perdón y misericordia.
La disponibilidad de Dios ante la humildad humana. El salmo enseña que la llave que abre el "oído de Dios" no es nuestra perfección, sino nuestra confianza persistente ("te invoco todo el día") y el reconocimiento de nuestra necesidad de Él.
En un mundo que nos exige ser autosuficientes y exitosos, el Salmo 86 nos ofrece un respiro:
El valor de la vulnerabilidad: Decirle a Dios "soy pobre y miserable" es un acto de honestidad liberadora. No tenemos que fingir que lo tenemos todo bajo control. Dios no se aleja de nuestra debilidad; al contrario, "inclina su oído" hacia ella. ¿Soy capaz de presentarme ante Dios sin máscaras?
La alegría como regalo: "Alegra el alma de tu servidor" (v. 4). A veces buscamos la alegría en el consumo o el entretenimiento, pero el salmista sabe que la verdadera alegría es un estado del alma que proviene de la conexión con lo divino. La alegría cristiana es compatible con la lucha diaria.
La medida de la misericordia: El v. 5 es un pilar de la fe: Dios es "lleno de misericordia con todos los que lo invocan". No hay exclusión. No importa qué tan lejos creas estar, la bondad de Dios es mayor que cualquier error pasado.
La oración como insistencia: "Te invoco todo el día". La fe no es un evento de domingo, sino una conversación continua. Orar no es convencer a Dios de que nos ayude, sino mantener nuestra alma "elevada" hacia Él para no hundirnos en el desánimo.
¿Qué situación me hace sentir hoy "pobre y miserable", y cómo puedo convertirla en una oración de confianza?
¿Suelo "elevar mi alma" a Dios en los momentos de estrés, o trato de resolverlo todo solo?
¿Realmente creo que Dios es bueno y perdona, o guardo una imagen de un Dios severo que me impide acercarme con libertad?
Señor, inclina tu oído a mi vida hoy. Tú conoces mis carencias y las veces que me siento cansado. Te pido que protejas mi corazón y me des la alegría que solo viene de Ti. Gracias porque eres bueno, porque siempre estás dispuesto a perdonar y porque tu misericordia no se agota. Escucha mi súplica y ayúdame a confiar en que Tú tienes el control. Amén.