Salmo 89 (88), 16-19
"Caminar a la Luz del Rostro del Señor"
(16) ¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte! Ellos caminan, Señor, a la luz de tu rostro; (17) por tu Nombre se alegran todo el día, y tu justicia los enaltece. (18) Porque tú eres su gloria y su fuerza, y con tu favor acrecientas nuestro poder. (19) Sí, el Señor es nuestro escudo, el Santo de Israel es nuestro Rey.
Este salmo es un gran himno a la fidelidad de Dios y a su alianza con la casa de David. Los versículos que leemos hoy forman parte de la alabanza inicial, donde se describe la dicha de quienes reconocen la soberanía de Dios.
Mientras que en la lectura anterior (1 Samuel 8) el pueblo pedía un rey humano para "ser como las demás naciones", el salmista nos recuerda la verdadera fuente de la victoria y la felicidad: no es el poder militar ni las estructuras políticas, sino el hecho de que el Santo de Israel es nuestro verdadero Rey. La "aclamación" de la que habla el versículo 16 es el grito ritual de júbilo ante la presencia de Dios en el Templo, reconociendo que solo bajo Su luz se puede caminar con paso firme.
La felicidad que nace de la dependencia de Dios. El texto subraya que cuando Dios es el centro, el pueblo encuentra en Él su fuerza, su escudo y su alegría constante.
En un mundo donde buscamos la felicidad en el éxito, el consumo o el reconocimiento, el Salmo 89 nos ofrece una alternativa espiritual:
Caminar a la luz de Su rostro: Caminar a la luz de alguien significa vivir en su presencia, bajo su mirada y su guía. Hoy, esto se traduce en vivir con conciencia de Dios en medio de lo cotidiano. No es caminar a ciegas tras nuestros impulsos, sino dejar que los valores del Evangelio iluminen nuestras decisiones.
La alegría como decisión: El salmo dice que se alegran "todo el día". No es una alegría emocional pasajera basada en que todo salga bien, sino una alegría basada en el "Nombre" del Señor (en Su identidad y fidelidad). Es la paz de saber que, pase lo que pase, estamos en las manos de nuestro Rey.
El escudo de la fe: En tiempos de incertidumbre, el salmo nos recuerda que "el Señor es nuestro escudo". A veces nos sentimos vulnerables ante las críticas, el futuro o la enfermedad. Reconocer a Dios como nuestro Rey es reclamar Su protección sobre nuestra mente y nuestro corazón.
Justicia que enaltece: El mundo a menudo enaltece al arrogante o al que pisa a los demás. El salmo afirma que es la justicia de Dios la que realmente eleva al ser humano. Vivir con integridad nos da una dignidad que ningún título humano puede otorgar.
¿Qué luces estoy siguiendo hoy en mi vida: las del éxito mundano o la "luz del rostro" del Señor?
¿Siento que mi fortaleza viene de mis propios esfuerzos o realmente confío en que el Señor es "mi gloria y mi fuerza"?
¿De qué cosas necesito que el Señor sea mi "escudo" en este momento de mi vida?
Señor, Dios de los ejércitos, ¡qué feliz soy cuando aprendo a alabarte de corazón! Gracias por ser mi escudo y mi fortaleza. Te pido que hoy me permitas caminar a la luz de tu presencia, para que mis pasos sean seguros y mis decisiones sean justas. Que mi alegría no dependa de las circunstancias, sino de saber que Tú eres mi Rey y que tu amor nunca me falta. Amén.