Lucas 1, 39-48
"El Encuentro de la Fe: Alegría, Bendición y el Magníficat del Alma"
39 En aquellos días, María se puso en camino y fue a toda prisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó con voz potente: "¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. 45 ¡Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor!". 46 María dijo entonces: "Mi alma glorifica al Señor, 47 y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, 48 porque ha mirado la humillación de su servidora. De ahora en adelante, todas las generaciones me llamarán feliz".
Contexto
Este pasaje narra el episodio de la Visitación de María a su prima Isabel, poco después de la Anunciación. María, recién enterada de que va a ser la Madre del Salvador y que su prima Isabel, anciana, también está embarazada, parte "a toda prisa" para ayudarla. El encuentro de las dos mujeres es un momento de profunda alegría y revelación. Isabel, llena del Espíritu Santo, reconoce la presencia del Señor en el seno de María y la proclama "bendita" por su fe. María, a su vez, responde con el magnífico cántico del "Magníficat" (que continúa en los versículos siguientes y de los cuales se presentan aquí los primeros versículos), una profunda expresión de alabanza y gratitud a Dios por su misericordia y por haber mirado la humildad de su servidora.
Tema Central
El tema central es el encuentro gozoso y profético entre María e Isabel, donde se manifiesta la acción del Espíritu Santo. Isabel proclama a María "bendita" por su fe y por ser la "Madre de mi Señor". María responde con un canto de alabanza, el Magníficat, glorificando a Dios por su salvación y por haber mirado la humildad de su servidora, anunciando que todas las generaciones la llamarán feliz.
Aplicación a nuestra actualidad
El relato de la Visitación de María a Isabel es una lección profunda sobre el poder del encuentro, la alegría de la fe y la humildad al servicio de Dios. En un mundo donde a menudo prevalece el individualismo y la prisa, la acción de María de ponerse "en camino y fue a toda prisa a la región montañosa" para ayudar a su prima anciana, es un modelo de caridad activa y desinteresada. Nos interpela: ¿soy yo sensible a las necesidades de los demás, especialmente de los que están en situación de vulnerabilidad? ¿Estoy dispuesto a salir de mi comodidad para servir?
El "salto de alegría" del niño en el seno de Isabel y la exclamación de Isabel, "llena del Espíritu Santo", nos hablan de la alegría contagiosa que produce la presencia de Cristo. Es una alegría que se anticipa, que reconoce la bendición de Dios. La alabanza de Isabel: "¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? ¡Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor!", resalta la fe de María como clave de su felicidad. Nos desafía a vivir una fe que cree en las promesas de Dios, incluso cuando parecen imposibles, y a reconocer la presencia de Cristo en los demás.
Finalmente, la respuesta de María: "Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su servidora", es el inicio del Magníficat. Es un canto de humildad y gratitud, que no se centra en sí misma, sino en la grandeza de Dios que actúa en los pequeños. Nos invita a una espiritualidad que reconoce nuestra pequeñez y la grandeza de Dios, que se alegra en Él como Salvador y que se humilla para que Él pueda obrar maravillas. Nos desafía a glorificar a Dios no por nuestros méritos, sino por su inmensa misericordia que nos ha "mirado" y nos ha bendecido.
Preguntas para la reflexión
¿Cómo se manifiesta en mi vida la "prisa" de María por servir a los demás, especialmente a quienes necesitan mi ayuda o compañía?
¿He experimentado esa "alegría" y "salto" interior al reconocer la presencia de Cristo en otros o en los acontecimientos?
¿Qué significa para mí la bienaventuranza de María: "¡Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor!"? ¿Cómo puedo cultivar una fe así?
¿Cómo puedo hacer que mi "alma glorifique al Señor" y mi "espíritu se alegre en Dios, mi Salvador", reconociendo su mirada sobre mi "humillación" o pequeñez?
¿De qué manera esta historia me inspira a ser un instrumento de Dios para que "todas las generaciones" proclamen su grandeza y la de aquellos que creen en Él?
Oración
Dios de infinita bondad, te damos gracias por el encuentro gozoso de María e Isabel, signo de tu presencia en nuestras vidas. Concede que, como María, estemos siempre dispuestos a servir con caridad. Que, como Isabel, sepamos reconocer tu presencia en los hermanos y proclamar tu bendición. Y que, con María, nuestra alma te glorifique y nuestro espíritu se alegre en ti, nuestro Salvador, por haber mirado nuestra humildad. Que se cumpla en nosotros lo que nos has anunciado. Amén.