Mateo 18, 12-14
"El Pastor que Busca la Oveja Perdida: El Valor de Cada Alma"
12 "¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía, ¿no dejará las noventa y nueve en la montaña para ir a buscar la que se extravió? 13 Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. 14 De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños."
Contexto
Este pasaje es parte del "discurso comunitario" de Jesús en el evangelio de Mateo, donde enseña sobre la vida en la comunidad de sus discípulos. Antes de esta parábola, Jesús había advertido sobre el escándalo a los "pequeños" (Mateo 18, 6-9) y había hablado sobre la necesidad de la humildad (Mateo 18, 1-4). La parábola de la oveja perdida ilustra de manera contundente el valor inmenso que cada persona, especialmente los "pequeños" o los que se han extraviado, tiene para Dios. La enseñanza culmina con la afirmación de que la voluntad del Padre celestial es que "no se pierda ni uno solo de estos pequeños".
Tema Central
El tema central es la parábola del pastor que busca la oveja perdida, ilustrando el inmenso valor que cada persona, especialmente el más vulnerable o el que se ha extraviado, tiene para Dios. Jesús enseña que el Padre celestial no quiere que "se pierda ni uno solo de estos pequeños", revelando su amor misericordioso y su incansable búsqueda de los descarriados.
Aplicación a nuestra actualidad
La parábola de la oveja perdida es una de las imágenes más conmovedoras del amor de Dios. En un mundo donde a menudo se valora la cantidad, la masa, o lo que es "productivo", la imagen del pastor que deja las noventa y nueve para ir en busca de una sola oveja extraviada es radicalmente contracultural. Nos interpela: ¿dónde pongo mi atención y mi energía? ¿Me preocupo solo por la mayoría, o tengo una mirada atenta y un corazón compasivo hacia el que se ha extraviado, el que se siente solo, el que está al margen?
La alegría del pastor al encontrar la oveja perdida, una alegría "más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron", nos revela la inmensa alegría de Dios por cada conversión, por cada vida que regresa a Él. Nos invita a compartir esa alegría divina, a celebrar cada vez que alguien redescubre el camino o se reencuentra con la fe. Esto nos desafía a salir de la indiferencia y a tener un corazón que se regocije por la recuperación del que estaba perdido.
La enseñanza culmina con la declaración: "De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños". Esta es una verdad fundamental sobre el amor de Dios. Él no quiere que nadie se pierda. Nos invita a una profunda confianza en la misericordia divina, sabiendo que Dios nos busca incansablemente cuando nos extraviamos. Pero también nos llama a ser "pastores" en nuestro propio entorno, a preocuparnos por los "pequeños" (los más vulnerables, los que no tienen voz, los que están en peligro de perderse) y a colaborar con Dios en su búsqueda. Nos desafía a crear comunidades de fe donde nadie se sienta perdido o excluido, y donde cada persona sea valorada por su dignidad intrínseca.
Preguntas para la reflexión
¿Qué "oveja perdida" (persona, relación, aspecto de mi vida) siento que necesita ser buscada y traída de vuelta?
¿Cómo esta parábola me impulsa a dejar "las noventa y nueve" (mis seguridades, mi comodidad) para ir en busca de "la que se extravió"?
¿Qué significa para mí la inmensa alegría del pastor al encontrar la oveja perdida, y cómo puedo compartir esa alegría en mi vida?
¿Cómo puedo ser un instrumento del "Padre que no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños" en mi familia, comunidad o trabajo?
¿Qué actitudes o acciones debo cambiar para crear un ambiente donde nadie se sienta "extraviado" o excluido, y donde todos sientan el valor que tienen para Dios?
Oración
Padre celestial, te damos gracias por tu amor incansable que nos busca cuando nos extraviamos. Concede que tu corazón de Pastor nos impulse a buscar a la oveja perdida, a preocuparnos por los más pequeños y a alegrarnos por cada vida que regresa a ti. Que nunca queramos que se pierda ni uno solo de tus hijos, sino que seamos instrumentos de tu misericordia y tu amor. Amén.