Mateo 9, 14-15
"El Ayuno y la Alegría del Encuentro"
(14) Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo, y tus discípulos no ayunan?». (15) Jesús les respondió: «¿Acaso los invitados a la boda pueden estar de luto mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán».
Este breve diálogo marca un choque de mentalidades. Los discípulos de Juan el Bautista (que vivían una espiritualidad de austeridad y penitencia en el desierto) y los fariseos (que cumplían con ayunos rituales dos veces por semana) ven con extrañeza la conducta de Jesús y sus seguidores.
Para los contemporáneos de Jesús, el ayuno era un signo de preparación para la llegada del Mesías o de súplica por la liberación de Israel. La respuesta de Jesús es audaz: el Mesías ya está aquí. Por lo tanto, no es tiempo de luto, sino de fiesta nupcial.
La primacía de la presencia de Cristo. Jesús utiliza la imagen de la "boda", que en la Biblia simboliza la unión definitiva entre Dios y su pueblo. Él se identifica como el Esposo. Mientras Él está presente, el ayuno como signo de espera o tristeza carece de sentido. El rito solo tiene valor cuando apunta a una relación viva.
Este pasaje nos invita a revisar el "por qué" de nuestras prácticas religiosas:
La alegría como identidad (v. 15): A menudo asociamos la fe solo con la seriedad, la prohibición o el sacrificio. Jesús nos recuerda que el cristianismo es, en esencia, una boda: un encuentro alegre con Dios. ¿Refleja mi vida de fe la alegría de estar con el "Esposo"?
El sentido del ayuno cristiano: Jesús no elimina el ayuno; dice que llegará el momento en que lo harán (después de Su Ascensión). Para nosotros hoy, el ayuno no es un luto por un Dios ausente, sino una forma de "abrir el apetito" por Dios, liberándonos de las saciedades superficiales del mundo para desear más a Cristo.
No por costumbre, sino por amor: Los discípulos de Juan preguntan por qué no se cumple la tradición. Jesús responde desde la relación. Nuestra oración, ayuno o caridad no deben ser "porque toca", sino porque queremos estar más unidos a Jesús.
Acompañar al Esposo: Hay momentos para celebrar Su presencia y momentos para buscarlo en el ayuno. La vida espiritual es saber discernir en qué momento estamos.
¿Siento que mi relación con Jesús es como la de un invitado a una boda o como la de alguien que solo cumple un reglamento?
¿De qué cosas necesito ayunar hoy para que el "Esposo" tenga más lugar en mi corazón?
¿Suelo juzgar a los demás por cómo viven su fe (como hacían los discípulos de Juan), o me enfoco en mi propio encuentro con Cristo?
Señor Jesús, Tú eres el Esposo de nuestra alma y la razón de nuestra alegría. Gracias por invitarnos al banquete de tu amor. Ayúdanos a comprender que toda práctica religiosa solo tiene sentido si nos une más a Ti. Que cuando nos toque ayunar, lo hagamos con el deseo de buscarte más profundamente, y cuando estemos contigo, sepamos celebrar tu presencia con un corazón agradecido. Amén.