1 Corintios 1, 1-3
"Llamados a ser Santos: La Identidad del Creyente"
(1) Pablo, llamado por la voluntad de Dios a ser apóstol de Jesucristo, y el hermano Sóstenes, (2) a la Iglesia de Dios que está en Corinto: a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos los que en cualquier lugar invocan el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. (3) Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Este es el saludo inicial de una de las cartas más intensas de San Pablo. Corinto era una ciudad cosmopolita, un puerto comercial vibrante pero también famoso por su desorden moral y sus divisiones. Pablo escribe a una comunidad que él mismo fundó y que ahora enfrenta graves problemas. Sin embargo, antes de corregirlos, Pablo les recuerda quiénes son. Al presentarse como apóstol "por la voluntad de Dios", establece que su mensaje no es una opinión personal, sino una misión divina.
La vocación a la santidad como un regalo común. Pablo define la Iglesia no como un edificio, sino como el grupo de personas que, a pesar de sus fallos, han sido "apartadas" (santificadas) por Dios para vivir de una manera diferente.
A pesar de haber sido escrito hace casi dos mil años, este saludo nos dice mucho sobre nuestra vida hoy:
Llamados, no auto-nombrados: Pablo dice que es apóstol "por voluntad de Dios" y que los corintios son "llamados a ser santos". Esto nos quita un peso de encima: la iniciativa es de Dios. No somos nosotros quienes intentamos escalar hacia Él con nuestro esfuerzo, sino Él quien nos llama y nos elige primero. ¿Siento que mi vida tiene el propósito de una "llamada" o siento que voy a la deriva?
Santos en medio del caos: Corinto era una ciudad difícil, llena de tentaciones y conflictos. Pablo no dice "cuando se retiren al desierto serán santos", sino que los llama santos ahora, en medio de su ciudad. Esto nos recuerda que la santidad no es perfección impecable, sino pertenecer a Dios en el día a día: en la oficina, en la familia, en el tráfico.
La unidad en el Nombre: Pablo menciona a "todos los que en cualquier lugar invocan el Nombre". En un mundo tan polarizado y dividido, la fe nos recuerda que formamos parte de algo mucho más grande que nuestro pequeño círculo. Mi fe me conecta con personas de otras culturas y realidades que invocan al mismo Señor.
Gracia y Paz: El saludo de Pablo (charis y shalom) es una combinación poderosa. La Gracia es el amor gratuito de Dios; la Paz es el bienestar profundo que surge de saberse amado. En momentos de estrés o ansiedad, estas dos palabras son el mejor "remedio" que podemos recibir y desear a los demás.
¿Me cuesta verme a mí mismo como alguien "llamado a la santidad"? ¿Qué me impide creer que Dios cuenta conmigo?
¿Cómo puedo llevar "gracia y paz" a mi entorno hoy, especialmente a los lugares que se parecen a la convulsa Corinto?
¿Soy consciente de que mi fe me une a una comunidad universal, o vivo mi relación con Dios de forma aislada?
Padre de bondad, gracias por llamarme a formar parte de tu Iglesia. Gracias porque tu voluntad sobre mi vida es de amor y no de condena. Ayúdame a recordar mi dignidad de "santo" en los momentos en que me siento débil o fracasado. Que tu gracia y tu paz inunden mi corazón hoy, para que pueda compartirlas con todos los que encuentre en mi camino. Amén.