Hechos de los Apóstoles 9, 1-20
"De perseguidor a apóstol: La transformación radical de Saulo"
1 Saulo, que no cesaba de amenazar de muerte a los discípulos del Señor... 3 yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. 4 Cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». 5 Él preguntó: «¿Quién eres, Señor?». La voz respondió: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues...». 8 Saulo se levantó del suelo, pero aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada... 10 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías... 17 Ananías fue, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: «Saulo, hermano, el Señor Jesús me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo». 18 Al instante cayeron de sus ojos una especie de escamas y recuperó la vista. Se levantó y fue bautizado... 20 Y en seguida se puso a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.
Este es uno de los relatos más impactantes del Nuevo Testamento: el encuentro de Saulo con Cristo resucitado. Saulo no buscaba a Dios; buscaba destruir a quienes lo seguían. Sin embargo, Jesús sale a su encuentro en el punto más alto de su odio. El texto introduce un concepto clave: Cristo se identifica con su Iglesia. Al perseguir a los cristianos, Saulo perseguía a Jesús mismo. Tras tres días de oscuridad (paralelos a los tres días de Jesús en el sepulcro), Saulo nace a una nueva vida gracias al ministerio de Ananías, quien debe superar su propio miedo para acoger al enemigo.
La omnipotencia de la Gracia. El tema principal es que nadie está "demasiado lejos" de Dios. La conversión de Saulo no es solo un cambio de opinión, es una transformación de la identidad. De un hombre que "veía" según su propia justicia y odio, pasa a un hombre que "no ve nada" para luego recuperar una vista nueva, iluminada por el Espíritu.
Este pasaje nos habla de esperanza, perdón y el poder de los nuevos comienzos.
"¿Por qué me persigues?": Jesús siente como propio el dolor de sus seguidores. Cuando alguien te hace daño por tu fe o por hacer el bien, recuerda que no te lo hacen solo a ti; se lo hacen a Él. Y viceversa: lo que hacemos al hermano, se lo hacemos a Cristo. ¿Eres consciente de la presencia de Jesús en las personas que te rodean?
Caer por tierra para levantarse: A veces Dios permite que nuestros planes se "caigan" o que experimentemos una "ceguera" (confusión, crisis) para que dejemos de confiar en nuestra propia fuerza y empecemos a escuchar Su voz. ¿Hay algo en tu vida que hoy te ha hecho "caer" y que podría ser el inicio de una conversión?
El papel de Ananías: A menudo Dios usa a "Ananías" (personas comunes, a veces con miedo) para sanarnos. Saulo necesitó que un hermano le impusiera las manos. ¿Tienes la humildad de dejarte ayudar por otros en tu camino de fe? ¿O te atreves a ser tú el Ananías de alguien que parece "irrecuperable"?
Las escamas que caen: Todos tenemos escamas en los ojos: prejuicios, egoísmo, envidia. Solo el Espíritu Santo puede hacer que esas escamas caigan para que veamos la realidad como Dios la ve. ¿Qué "escamas" necesitas que caigan de tus ojos hoy?
¿Hay alguien en tu vida a quien consideres "imposible" que cambie? (Recuerda que Saulo se convirtió en San Pablo).
Cuando Jesús le pregunta a Saulo "¿por qué me persigues?", Saulo responde con otra pregunta: "¿Quién eres, Señor?". ¿Te has detenido a preguntarle a Jesús quién es Él realmente para ti, más allá de lo que te han contado?
¿Estás dispuesto, como Ananías, a llamar "hermano" a quien antes considerabas un enemigo o una amenaza?
Después de sus encuentros con Dios, Saulo "en seguida se puso a predicar". ¿Cuál es tu reacción inmediata cuando sientes que Dios ha hecho algo bueno en tu vida?
Señor Jesús, que saliste al encuentro de Saulo en el camino de Damasco, sal hoy al encuentro de nuestras propias oscuridades. Haz que caigan las escamas de nuestros ojos para que podamos verte en cada hermano, especialmente en aquellos que nos resultan difíciles de amar. Danos la valentía de Ananías para ser instrumentos de sanación y la docilidad de Pablo para dejarnos transformar por tu Gracia. Que nuestra vida, como la suya, sea un anuncio constante de que Tú eres el Hijo de Dios. Amén.