He venido a llamar a los pecadores
Contexto
Jesús ha comenzado el proceso de reclutar discípulos para ir conformando la primera comunidad. Fue una de las decisiones de su discernimiento en el desierto. El trabajo deberá ser en equipo para que cuando ya no esté en este mundo tenga continuidad, se multiplique y se expanda cubriendo a muchas, a todas las naciones.
Lo contemplamos cuando salió del desierto y volvió a donde había comenzado su vida pública: en el Jordán. Allí se le unieron Andrés y Juan, discípulos del Bautista. Luego Andrés trajo a su hermano Simón y ya camino de vuelta a Galilea agrega a Felipe quien llama a Natanael.
Otro día le vimos sentado a la orilla del mar de Galilea, meditando, en contacto con el Padre Dios para recibir sus mociones de como y con quien seguir. Fue allí donde vuelve a encontrarse con Andrés y Simón que habían vuelto a sus labores habituales de pescar y les ratifica su llamado: Vengan a ser pescadores de hombres les dice y ellos quizá todavía sin visualizar las consecuencias en sus vidas de ese llamado y su aceptación dejan sus redes y lo siguen. Lo mismo ocurrió con otro par de hermanos: Juan y Santiago hijos de Zebedeo.
También le contemplamos cuando comenzó a predicar lo que significaba el Reino de Dios y partiendo por un grupito pequeño, más gente se va sumando, hasta que son tantos que a los últimos les dificultaba verle y oírle. Entonces se sube a la barca de Simón y Andrés y desde allí, en un improvisado púlpito, se dirige a la multitud.
Jesús no duda en innovar para transmitir su mensaje. No predica exclusivamente en una sinagoga, lo hace en la playa y no duda de hacerla desde una barca. ¿Será la internet y estos retiros virtuales su barca de hoy donde se sube para llegar a más gente? … ¿Estará usando computadores, tabletas y teléfonos que han sido nuestros medios de trabajo actuales, las nuevas barcas para pescar hombres y mujeres de nuestra época?
Finalmente, en el retiro anterior le vemos desafiando a los expertos hombres de mar e indicándoles donde pescar. Era paradójico encontrarse que un campesino orientara y le indicara a marinos y pescadores profesionales, sobre donde echar las redes. … Y ocurre el milagro, miles de peces se aglutinan en las redes. Los hombres de mar entienden que eso era un signo de quien era el maestro que los elegía. No se sentían dignos de esa confianza. Serán miles y millones los hombres que ahora llegarán con las redes de amor y misericordia que echarán mar adentro en nuestro mundo.
Pero no estaba listo el equipo todavía. Jesús incorporará ahora a alguien que nadie se imaginó fuera a ser invitado. Una decisión muy controvertida tanto al interior como en el entorno de la naciente comunidad. Jesús se fija en un pecador odiado por la sociedad judía. Pone su atención en un publicano. Un cobrador de impuestos para Roma. Hay que recordar que la fama de estos personajes era merecida. No tan solo estaban al servicio del imperio invasor que les oprimía, no tan solo les arrebataba injustamente porciones de sus ganancias, sino que, además, aumentaban los montos para quedarse con la diferencia. Esto eran motivos que tenían para odiarlos.
Los impuestos que recaudaban eran de lo más variados: Los directos como el tributo, que era un impuesto personal, independiente de la riqueza de cada uno. Había un impuesto sobre la tierra y sobre las ventas. Además de otros impuestos indirectos como los aranceles sobre la importación y exportación de mercaderías, los peajes por transitar por caminos y los impuestos por consumir determinados productos como el vino, el aceite y la sal. Todos ellos empobrecían más a los que tenían menos y creaban un ambiente de repudio en contra de Roma y especialmente a estos judíos que se aprovechaban y ejercían el oficio de recaudar impuestos. Uno de ellos era Mateo.
En este retiro acompañaremos a Jesús en el proceso de reclutar a este pecador e incorporarlo a la comunidad de evangelizadores que serán la fuente de nuestra Iglesia y nuestra fe. Con este acto nos marcará que nadie, nadie puede sentirse ajeno a ser llamado por Jesús a anunciar el Reino de Dios.
Oración Inicial.
Señor, en respuesta a tu infinito amor, te ofrezco este momento de oración. Que todo lo que reflexione, decida y planifique, esté solamente
orientado a unirme a Ti y a vivir contigo, amando, perdonando y sirviendo en tu nombre. Que así sea.
Gracia a pedir
Pedimos la gracia de sentirnos elegidos para ser apóstoles, independiente de nuestro pasado, de nuestra historia. Sentir que Jesús nos llama a liberarnos de culpas pasadas e iniciar un camino de redención con él.
Textos.
Mateo 9,9;
Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: 'Sígueme'. El se levantó y lo siguió.
Marcos 2,13-14;
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: 'Sígueme'. El se levantó y lo siguió.
Lucas 5, 27-32;
Después Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: 'Sígueme'.
El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: '¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?.
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: 'No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan'.
Contemplación.
Seguimos a Jesús, caminando nuevamente a la orilla del mar. Va más contento aún. Ya tiene a los primeros discípulos entusiasmados. Sigue buscando y se encuentra con un puesto de aduana en Cafarnaúm que era una ciudad portuaria por donde pasaba comercio. Allí se encontró con Mateo atendiendo el cobro de los tributos. Se queda observando el trabajo de este publicano. Vemos junto a Mateo, soldados romanos que lo protegían, porque la gente odiaba a los cobradores de impuesto y además se acumulaba mucho dinero.
Pasa un rato largo, en que Jesús contempla la escena y escucha los improperios de quienes acudían de mala gana a cumplir con la aplastante e injusta ley tributaria.
Pensaba lo que ocurriría si lograba que Mateo se uniera al grupo. Sería un escándalo, por cierto. Nadie aceptaría que la reivindicación del imperio incluyera a un servidor del poder romano. Para Mateo sería una verdadera salvación. Podría dejar atrás su pasado y partir de nuevo. ¿Estaría dispuesto?
No proponerle unirse al grupo por su pasado sería una discriminación que no estaba en el centro de su propuesta de vida. Perdonar la historia de Mateo sería una prueba de lo que se respira en el Reino. Muchos otros con faltas menores se sentirían dignos de ser invitados.
Vemos como Jesús se pone de pie, cuando ya no venía nadie más y se queda al final de la fila.
Cuando todos habían ya cumplido con el pago, Mateo termina de escribir el registro del último de la fila, levanta la mirada y se encuentra con la mirada de Jesús. Esa mirada profunda y dulce. Amorosa pero firme. Algo le ocurrió a Mateo en su interior con esa mirada.
Allí podemos imaginar un posible diálogo, que por cierto no aparece explícito en los evangelios, pero que es muy probable que hubiera ocurrido.
Mateo. ¿que tienes que declarar? …
Jesús. Nada, no tengo nada, no llevo nada y no voy a ninguna parte …
Mateo. ¿y porque estás aquí entonces? …
Jesús. Por ti, Mateo, tengo una propuesta que hacerte
Mateo. ¿Una propuesta? … no entiendo
Jesús. ¿Eres feliz, Mateo?
Mateo. Ehh … si … en realidad, no sé … Tengo todo lo que quiero. Tengo dinero. Tengo fama, aunque sea mala fama, todos me conocen, no soy un don nadie. Tengo poder, incluso apoyado por esta guardia romana.
Jesús. Te pregunté si eras feliz, no lo que tienes.
Mateo. Difícil pregunta, … no sé. La gente me odia, … no tengo amigos, … vivo solo, … ni siquiera tengo familia. … No sé si soy feliz … Creo que no. … Pero, esta es la vida que tengo y trato de sobrellevarla. … Creo que me hace falta paz en mi corazón, …pero eso ¿a quién le importa? … ¿Y tú? … ¿quién eres? … ¿Por qué estas preguntas?
Jesús. Ya te explico. … Tengo una propuesta para ti. … Quiero ofrecerte una paz que el mundo no puede dar. … Te ofrezco una vida nueva, … una vida llena de significado y propósito.
Mateo. ¿qué debo hacer?
Jesús. Sígueme, deja atrás tu antigua vida y ven conmigo
Mateo. Tengo mucho que perder. … Es difícil lo que me pides
Jesús. Todo lo que dejes será recompensado con creces con la paz y la felicidad que recibirás, ahora y por toda la eternidad.
Mateo. ¿por qué me lo ofreces a mí? … soy un pecador, … me he aprovechado de mucha gente … no me lo merezco … ¿por qué me eliges?
Jesús. Porque todos tienen una oportunidad, … porque creo en ti, … creo que en el fondo tuyo hay un corazón de un hombre justo y bueno, … porque el Padre Dios te ama con toda tu historia.
Mateo. ¿qué me pides a cambio?
Jesús. Simple. … Arrepiéntete de tus pecados, cree en mí, sigue mis enseñanzas y ama a tu prójimo como a ti mismo. … De este modo estarás respondiendo al amor de Dios. … Solo eso Mateo … ¿Qué respondes? … ¿Vamos?
Mateo cierra su cuaderno, entrega el dinero a los soldados, se estremece como temblando, suelta el llanto, deja todo y sigue a Jesús.
Esa noche Jesús comparte el pan en la casa de Mateo. Hay fiesta en un rincón de Cafarnaúm y en el cielo también se celebra, porque un nuevo pecador se ha arrepentido.
Reflexión personal.
Nos imaginamos ahora, sentado en el lugar de Mateo, llevando a cabo nuestra vida regular. En nuestra cotidianidad. Puede que para algunos sean injustas algunas de nuestras acciones. Puede que hayamos perjudicado alguna vez a alguien, o tal vez a varios, a lo mejor a muchos. Allí estamos en nuestra vida presente. Laborando en nuestro día a día. Con sus cosas buenas y cosas malas. Con nuestro pasado, de dulce y de agraz. Hagamos un rato de silencio. Dejemos que sea Dios el que nos contemple. Lo hace con amor. Contempla nuestro presente y nuestro pasado. Con todo, con las sombras que no nos atrevemos, que no nos gustaría enfrentar. ¿Cuáles? … ¿Cuál puede ser una sombra del área oscura de nuestra vida? … Aquella que el maligno conoce y que por allí nos tienta para que reincidamos? … Aquella que le hacemos el quite identificar? … En silencio, con la compañía amorosa y misericordiosa de Dios nos metemos en esa zona. Puede doler, pero abrazando ese pasado. … Será como una herida que comienza a cicatrizar. En silencio, acompañados por Jesús …
…
Ahora nos imaginamos, que al igual que como le ocurrió a Mateo, levantamos la mirada y nos encontramos frente a frente con Jesús, con su mirada amorosa, dulce, personal. Nos mira fijamente. No podemos apartar la nuestra de su mirada … Es cautivadora … con esa mirada se van disipando los miedos de enfrentarnos con nuestras zonas oscuras. Entendemos que Jesús conoce todo, nos ama y nos perdona. Ha olvidado nuestras faltas. Las ha cubierto con su amor. Esboza una leve sonrisa cómplice, dándonos a entender que todo está resuelto, que podemos estar en paz. Que hay borrón y cuenta nueva. Que somos dignos de relacionarnos con él. Que no nos excluyamos. Me quedo un rato en silencio saboreando esta señal de reconciliación.
…
Al igual que con Mateo, nos invita a seguirle, a vivir con una paz que el mundo no puede darnos … A una vida nueva, … una vida llena de significado y propósito. Esa es su propuesta. Para ello es necesario que nos arrepintamos de nuestros pecados, que creamos en él, que sigamos sus enseñanzas y que amemos a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El fruto será una vida plena y feliz. Ahora y siempre … Pensemos en esto por un rato en silencio. Como nos cautiva esta propuesta … ¿qué podemos responderle? … ¿Aceptamos? … ¿postergamos? … ¿nos atrevemos?
Coloquio.
Finalmente, conversemos con Jesús, sobre esta experiencia, similar a la de Mateo. Contémosle lo que sentimos ante su amor y misericordia. Contémosle lo que nos ocurre con su propuesta y cuál es nuestra determinación deliberada. Contémosle si estamos dispuestos a seguirle incondicionalmente. Hagámoslo en forma solemne, imaginando que estamos ante la Trinidad, María y toda la corte de ángeles, profetas y santos de la historia. Y nosotros ante ellos proclamando nuestra alianza con Jesús y el proyecto del Reino.
Examen de la oración
Reviso la oración efectuada tratando de descubrir lo que más me ayudó y lo que me distrajo para corregirla la siguiente vez y escribo los sentimientos que aparecieron con este texto. ¿Cuál me tocó con más fuerza?
Jesús me llama con toda mi historia, me invita a seguirle … ¿qué siento?
¿De qué forma se logró el objetivo expresado en “la gracia” de esta oración?
Para compartir grupal
En el grupo podríamos responder a las siguientes preguntas
¿Qué sentimientos aparecieron contemplando la elección que Jesús hace a alguien que tiene una historia oscura como muchos de nosotros?
Comparto los momentos más relevantes de la reflexión personal
¿Qué me ayudó más a desarrollar mi oración? … ¿qué fue un impedimento?