Mateo 13, 10-17
"El misterio del discernimiento: ver y escuchar más allá de lo evidente"
10 Los discípulos se acercaron y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11 Él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido. 12 Porque al que tiene se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 13 Por eso les hablo en parábolas: porque miran y no ven, oyen y no oyen ni entienden. 14 Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: "Oirán con sus oídos, pero no entenderán; mirarán con sus ojos, pero no verán. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, han endurecido sus oídos y han cerrado sus ojos, para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, y convertirse para que yo los sane". 16 Pero dichosos los ojos de ustedes porque ven, y sus oídos porque quieren oír. 17 En verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».
Jesús explica a sus discípulos la razón por la cual utiliza parábolas para enseñar a las multitudes. No lo hace para ocultar la verdad con acertijos, sino porque la comprensión de las realidades profundas del Reino requiere una disposición interior de apertura. Mientras que la multitud se queda en la superficie del relato sin sintonizar con el sentido último, los discípulos (aquellos dispuestos a acercarse y preguntar) reciben la clave para interpretar la profundidad de la vida y de la misión.
La diferencia entre mirar y ver: El texto denuncia un fenómeno común: la insensibilidad del corazón que vuelve a las personas incapaces de captar el sentido profundo de lo que ocurre a su alrededor ("miran y no ven, oyen y no oyen"). La percepción espiritual no depende de la agudeza técnica, sino de la disposición de la mirada.
El principio de la receptividad ("al que tiene se le dará"): Quien cultiva una actitud de búsqueda y apertura al sentido recibe una mayor capacidad de discernimiento. La superficialidad, en cambio, empobrece la visión y adormece el criterio.
La dicha de la sintonía interior: Jesús felicita a los discípulos porque sus ojos y oídos están abiertos. Es el privilegio de quien logra conectar su labor cotidiana con un horizonte de sentido trascendente, algo que muchos buscaban y que ahora se revela de forma cercana.
Mirar más allá de las métricas en la estrategia: Como estratega y creador, estás habituado a analizar datos, tendencias y resultados superficiales. Este pasaje te invita a cultivar una mirada más profunda en tu trabajo: a no quedarte solo en la superficie de los proyectos, sino a descifrar el propósito humano y espiritual que los sostiene.
El peligro de la insensibilidad profesional: En medio de la rutina, el exceso de tareas o las exigencias del entorno, es fácil volverse "insensible" —funcionar con el piloto automático encendido, haciendo las cosas por inercia sin conectar con la fuente ni con el impacto real de lo que escribes o enseñas. El texto te anima a detenerte y "querer oír".
Acercarse para preguntar: A diferencia de la multitud que se conforma con escuchar de lejos, los discípulos "se acercaron y preguntaron". Ante tus propios desafíos complejos o momentos de incertidumbre en tus iniciativas, ¿te acercas a buscar respuestas en lo profundo, o te limitas a observar los problemas desde la distancia?
¿En qué áreas de tu actividad profesional notas que corres el riesgo de "mirar sin ver", atrapado en la mera ejecución técnica o en las urgencias del día a día?
¿Cómo puedes cultivar esa disposición de "acercarte y preguntar" cuando te enfrentas a decisiones complejas en tus proyectos o en tu escritura?
¿Qué significa para ti hoy considerarte "dichoso" por tener la capacidad de ver y escuchar un propósito más alto en tu labor cotidiana?
Señor, líbrame de la insensibilidad del corazón y de la superficialidad que me impide ver lo esencial en medio del ruido diario.
Dame la gracia de acercarme a Ti con la humildad de los discípulos, dispuesto a preguntar y a dejarme enseñar.
Abre mis ojos y mis oídos para captar el sentido profundo de mis proyectos, de mis escritos y de mis relaciones profesionales.
Hazme dichoso al reconocerme guiado por tu sabiduría, y permite que mi trabajo sea siempre un reflejo claro de tu presencia y de tu verdad.
Amén.