Daniel 3, 52-56
"Alabanza y Adoración al Señor por su Gloria y Misericordia"
52 ¡Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y glorioso por los siglos! ¡Bendito sea tu nombre santo y glorioso, digno de alabanza y glorioso por los siglos! 53 ¡Bendito seas en tu Templo santo y glorioso, digno de alabanza y glorioso por los siglos! 54 ¡Bendito seas en el trono de tu Reino, digno de alabanza y glorioso por los siglos! 55 ¡Bendito seas tú que penetras los abismos y te sientas sobre querubines, digno de alabanza y glorioso por los siglos! 56 ¡Bendito seas en el firmamento del cielo, digno de alabanza y glorioso por los siglos!
Contexto
Este pasaje forma parte del "Cántico de los Tres Jóvenes en el Horno", un texto deuterocanónico que se encuentra en algunas versiones del libro de Daniel (entre los versículos 23 y 24 del capítulo 3, en la Vulgata y la Septuaginta). Los tres jóvenes judíos (Ananías, Misael y Azarías, conocidos como Sadrac, Mesac y Abednegó en el texto canónico) fueron arrojados a un horno ardiente por negarse a adorar la estatua de Nabucodonosor. En medio del fuego, lejos de lamentarse, entonan una magnífica oración de alabanza a Dios. Los versículos seleccionados son el inicio de esta doxología, donde bendicen a Dios por su santidad, su gloria, su presencia en el Templo, su reinado y su trascendencia sobre toda la creación.
Tema Central
El tema central es una profunda y jubilosa alabanza y adoración a Dios, bendiciéndolo por su gloria, su santidad, su presencia en el Templo, su soberanía real (el trono de su Reino) y su trascendencia sobre toda la creación (los abismos, los querubines y el firmamento). Los jóvenes en el horno reconocen la dignidad de Dios para ser alabado y glorificado por los siglos.
Aplicación a nuestra actualidad
La escena de los tres jóvenes en el horno ardiente entonando una alabanza a Dios es una de las imágenes más poderosas de la fidelidad y la confianza en la historia de la fe. En momentos de "hornos ardientes" en nuestra propia vida –ya sean pruebas, enfermedades, dificultades, persecuciones o situaciones que nos queman por dentro–, la reacción humana natural sería el lamento, la queja o el miedo. Sin embargo, estos jóvenes nos invitan a un acto radical de fe: la alabanza.
El himno es un reconocimiento de la inmensidad de Dios. Bendicen a Dios en su "Templo santo", en el "trono de su Reino", "tú que penetras los abismos y te sientas sobre querubines", y "en el firmamento del cielo". Esto nos enseña a elevar nuestra mirada más allá de nuestras circunstancias inmediatas y a recordar la soberanía de Dios sobre todo. En medio de nuestra pequeñez y sufrimiento, Él sigue siendo "digno de alabanza y glorioso por los siglos".
Nos desafía a preguntarnos: ¿Soy capaz de alabar a Dios no solo en los momentos de alegría y prosperidad, sino también en las "pruebas de fuego"? ¿Reconozco su gloria y su presencia incluso cuando me siento solo y acorralado? Esta alabanza es un acto de resistencia espiritual, una afirmación de fe que nos libera del poder de las circunstancias. Es una invitación a un "culto en espíritu y en verdad" que no depende de la comodidad, sino de una profunda convicción de quién es Dios, un Dios que merece nuestra alabanza y glorificación "por los siglos", sin importar lo que estemos viviendo.
Preguntas para la reflexión
¿Qué "hornos ardientes" o situaciones difíciles estoy atravesando en este momento, y cómo puedo encontrar la fuerza para alabar a Dios en ellos?
¿Cómo puedo elevar mi mirada más allá de mis circunstancias y reconocer la gloria y la soberanía de Dios en medio de mi sufrimiento?
¿Qué significa para mí bendecir a Dios en su "Templo santo", en el "trono de su Reino" y "en el firmamento del cielo" en mi oración diaria?
¿Cómo puedo cultivar una actitud de alabanza constante, que no dependa de mis sentimientos o de las circunstancias externas?
¿De qué manera la alabanza a Dios en medio de la prueba puede ser un acto de resistencia espiritual y una fuente de fortaleza para mí y para otros?
Oración
¡Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y glorioso por los siglos! En medio de nuestros "hornos ardientes", te alabamos por tu nombre santo y glorioso, por tu presencia en el Templo de nuestras vidas, por tu trono de Reino y por tu dominio sobre los abismos y los cielos. Concédenos la gracia de bendecirte y glorificarte en todo tiempo y lugar, confiando en que tú estás con nosotros y que tu amor prevalece. Amén.