Daniel 3, 75-78. 80-81
"Invitación Universal a la Alabanza: La Humanidad Llamada a Bendecir al Señor"
75 ¡Bendigan al Señor, hijos de los hombres, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! 76 ¡Bendigan al Señor, Israel, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! 77 ¡Bendigan al Señor, sacerdotes, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! 78 ¡Bendigan al Señor, siervos del Señor, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! 80 ¡Bendigan al Señor, espíritus y almas de los justos, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! 81 ¡Bendigan al Señor, santos y humildes de corazón, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos!
Contexto
Este pasaje es la culminación del grandioso "Cántico de los Tres Jóvenes en el Horno" (ver Daniel 3, 52-74), un texto deuterocanónico. Después de invitar a toda la creación inanimada y animal a alabar a Dios, los jóvenes en el horno dirigen ahora su invitación directamente a la humanidad. Comienzan con una llamada universal a los "hijos de los hombres", luego se enfocan en Israel, en los sacerdotes y siervos del Señor (aquellos dedicados al culto y servicio divino), y finalmente extienden la invitación a los "espíritus y almas de los justos" (los difuntos fieles) y a los "santos y humildes de corazón" (los piadosos). Es una apoteosis de la alabanza, donde toda la existencia, visible e invisible, viva o muerta, se une para glorificar a Dios.
Tema Central
El tema central es la invitación final y universal a la humanidad, en sus diversas formas y estados, a unirse al coro cósmico de alabanza a Dios. Desde todos los "hijos de los hombres", pasando por Israel, los sacerdotes, los siervos, los justos que han partido y los humildes de corazón, todos son convocados a bendecir, alabar y glorificar al Señor por los siglos, reconociendo su providencia y su gloria en la vida humana y en la santidad.
Aplicación a nuestra actualidad
Después de haber escuchado la invitación a la alabanza de la naturaleza y los fenómenos cósmicos, este pasaje nos dirige a nosotros, los "hijos de los hombres", con una llamada directa. Nos recuerda que, si bien toda la creación alaba a Dios de manera inherente, nuestra alabanza es un acto consciente, voluntario y responsable. No somos meros espectadores, sino participantes activos y privilegiados en este coro universal.
La invitación específica a "Israel", a los "sacerdotes", a los "siervos del Señor" y a los "espíritus y almas de los justos", subraya la continuidad de la fe y el legado de aquellos que nos precedieron. Nos conecta con una tradición de alabanza que se extiende a través de la historia y más allá de la muerte. Nos invita a sentirnos parte de una gran comunión de santos, vivos y difuntos, que no cesan de bendecir a Dios. Nos desafía a honrar esta herencia, continuando la cadena de alabanza en nuestro tiempo.
Finalmente, la invitación a los "santos y humildes de corazón" nos muestra que la verdadera alabanza nace de un espíritu de humildad y santidad. No es solo un acto ritual, sino una disposición interior. En un mundo donde a menudo buscamos la grandeza y el reconocimiento, este texto nos recuerda que es la humildad, la sencillez de corazón y la santidad de vida lo que nos capacita para alabar a Dios de la manera más auténtica. Es una invitación a vivir una vida de oración constante, de servicio desinteresado y de humildad, para que nuestra propia existencia sea un cántico ininterrumpido de alabanza y glorificación al Señor "por los siglos".
Preguntas para la reflexión
¿Qué significa para mí como "hijo de los hombres" que se me invite directamente a alabar y glorificar a Dios?
¿Cómo me siento parte de la "gran nube de testigos" (los "espíritus y almas de los justos") que no cesan de alabar al Señor?
¿De qué manera puedo cultivar un corazón "santo y humilde" que me permita alabar a Dios de manera más auténtica y profunda?
¿Cómo mis acciones diarias, mis pensamientos y mis palabras pueden convertirse en una forma de bendecir y glorificar al Señor?
¿Qué responsabilidades tengo como parte de la "tribu" de los que alaban a Dios en mi comunidad y en el mundo?
Oración
Señor, Dios eterno y glorioso, te bendecimos y te alabamos por los siglos. Junto con toda la creación y la comunión de los santos, te glorificamos por tu amor y tu providencia. Concédenos, a nosotros, tus hijos, la gracia de un corazón humilde y santo, para que nuestra vida entera sea un canto ininterrumpido de alabanza a tu Nombre. Que, en cada acción y en cada aliento, te bendigamos y te glorifiquemos, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.