Daniel 3, 82-87
"Invitación Final a la Alabanza: Los Tres Jóvenes y Todos los Creyentes"
82 ¡Bendigan al Señor, Ananías, Azarías y Misael, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! Porque él nos libró del abismo y nos salvó de la mano de la muerte, nos arrancó de en medio del horno de fuego ardiente y nos libró del fuego. 83 ¡Alaben al Señor, denle gracias, porque es bueno, porque su misericordia es eterna! 84 ¡Bendigan al Señor, todos los que lo adoran, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! 85 ¡Bendigan al Señor, Ananías, Azarías y Misael, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! 86 ¡Bendigan al Señor, sacerdotes del Señor, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos! 87 ¡Bendigan al Señor, siervos del Señor, alábenlo y glorifíquenlo por los siglos!
Contexto
Este es el cierre del "Cántico de los Tres Jóvenes en el Horno" (ver Daniel 3, 52-81), un texto deuterocanónico. Después de haber invitado a toda la creación y a la humanidad en sus diversas expresiones a alabar a Dios, el cántico vuelve a sus protagonistas originales, Ananías, Azarías y Misael (también conocidos como Sadrac, Mesac y Abednego), quienes son el ejemplo vivo de la fidelidad a Dios en medio del sufrimiento. Su alabanza se basa en su experiencia personal de liberación milagrosa del horno de fuego. Finalmente, el cántico se extiende a "todos los que lo adoran", a los "sacerdotes" y a los "siervos del Señor", culminando en una glorificación universal de la bondad y misericordia eterna de Dios.
Tema Central
El tema central es la culminación del cántico de alabanza a Dios, centrado en el testimonio de los tres jóvenes (Ananías, Azarías y Misael) por su liberación milagrosa del horno de fuego. Se extiende la invitación a la alabanza a "todos los que adoran" a Dios, a los sacerdotes y siervos del Señor, reconociendo la bondad y la misericordia eterna de Dios como el fundamento de toda alabanza y glorificación por los siglos.
Aplicación a nuestra actualidad
Este pasaje final del Cántico de los Tres Jóvenes nos invita a reflexionar sobre el poder del testimonio personal y la universalidad de la alabanza. La repetición de la invocación a "Ananías, Azarías y Misael" nos recuerda que la fe no es una abstracción, sino una experiencia vivida. Ellos alabaron a Dios porque "él nos libró del abismo y nos salvó de la mano de la muerte, nos arrancó de en medio del horno de fuego ardiente y nos libró del fuego." Su alabanza nace de la experiencia de la intervención divina en sus propias vidas. Esto nos interpela: ¿soy consciente de las veces en que Dios me ha "librado del abismo" o me ha "salvado de la mano de la muerte" en mi propia vida? ¿Mi alabanza nace de esa gratitud profunda por su misericordia?
La invitación "¡Alaben al Señor, denle gracias, porque es bueno, porque su misericordia es eterna!" es una verdad fundamental. La bondad y la misericordia de Dios son inagotables y eternas, y son la razón última de nuestra alabanza. En un mundo donde a menudo nos centramos en las dificultades y las pruebas, este texto nos llama a cultivar un corazón agradecido, que reconozca la constante bondad de Dios en todas las circunstancias.
Finalmente, la extensión de la alabanza a "todos los que lo adoran", a los "sacerdotes del Señor" y a los "siervos del Señor" nos integra en una comunidad de fe que celebra a Dios. Nos recuerda que nuestra alabanza no es un acto solitario, sino parte de una sinfonía universal de adoración. Nos invita a unirnos a todos aquellos que, a lo largo de la historia y en el presente, han dedicado sus vidas al servicio y la alabanza de Dios. Es un llamado a vivir nuestra fe no solo individualmente, sino en comunidad, compartiendo nuestras experiencias de la bondad de Dios y alentándonos mutuamente a glorificarlo "por los siglos".
Preguntas para la reflexión
¿Cuáles son mis propias experiencias de "liberación del abismo" o de "salvación de la mano de la muerte" que me impulsan a alabar a Dios?
¿Mi alabanza a Dios nace de un reconocimiento profundo de que "es bueno, porque su misericordia es eterna", incluso en las dificultades?
¿Cómo me siento parte de la comunidad de "todos los que lo adoran", y cómo mi alabanza personal se une a la alabanza universal?
¿De qué manera puedo cultivar un corazón agradecido que constantemente dé gracias a Dios por su bondad y misericordia?
¿Cómo puedo inspirar a otros a "alabar y glorificar al Señor por los siglos" a través de mi propio testimonio y mi forma de vivir la fe?
Oración
Dios de bondad y misericordia eterna, te alabamos y te glorificamos por los siglos. Te damos gracias por todas las veces que nos has librado del abismo y nos has salvado de la muerte. Que nuestra vida, como la de Ananías, Azarías y Misael, sea un testimonio constante de tu fidelidad. Que unidos a todos los que te adoran, los sacerdotes y siervos, proclamemos tu bondad y tu amor. Que nuestro corazón rebose de gratitud y que te bendigamos siempre, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.