Lucas 21, 29-33
"La Parábola de la Higuera: Discernir los Signos y la Certeza de la Palabra de Dios"
29 Y les propuso una parábola: "Miren la higuera y todos los árboles. 30 Cuando brotan sus hojas, ustedes saben por sí mismos que el verano ya está cerca. 31 Así también, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca. 32 Les aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. 33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".
Contexto
Este pasaje es la conclusión del "Discurso escatológico" de Jesús (ver Lucas 21,5-28). Después de describir los signos cósmicos, la destrucción de Jerusalén y la venida del Hijo del Hombre, Jesús utiliza la parábola de la higuera (y de todos los árboles) para enseñar a sus discípulos a discernir los "signos de los tiempos". Al igual que la brotación de las hojas indica la cercanía del verano, los eventos que Él ha predicho deben ser interpretados como señales de la inminencia del Reino de Dios. El pasaje culmina con una solemne afirmación de la certeza e inmutabilidad de la Palabra de Jesús.
Tema Central
El tema central es la parábola de la higuera que enseña a discernir los signos de los tiempos, indicando que, al igual que los brotes anuncian el verano, los eventos predichos por Jesús (destrucción de Jerusalén, signos cósmicos) anuncian la cercanía del Reino de Dios. El pasaje culmina con la afirmación de la certeza e inmutabilidad de las palabras de Jesús, que prevalecerán incluso cuando el cielo y la tierra pasen.
Aplicación a nuestra actualidad
La parábola de la higuera y la enseñanza que la acompaña son una invitación a la "lectura de los signos de los tiempos" en nuestra vida. En un mundo lleno de eventos complejos y a menudo confusos, Jesús nos da una herramienta para el discernimiento. Así como un campesino sabe que el verano está cerca cuando brotan las hojas de la higuera, nosotros somos llamados a reconocer en los acontecimientos del mundo la cercanía del Reino de Dios. Esto no significa que debamos obsesionarnos con las predicciones de un fin inminente, sino que debemos vivir con una conciencia profunda de la presencia activa de Dios en la historia y en nuestro presente.
"Cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca" nos exhorta a no ser indiferentes ni ciegos ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Los "signos" (guerras, desastres, cambios sociales, etc.) no son meros accidentes, sino que nos hablan de una realidad más profunda: el Reino de Dios está en acción, abriéndose camino en el mundo. Nos invita a una espiritualidad activa, que no se refugia del mundo, sino que lo mira con ojos de fe, buscando la presencia y la acción de Dios.
La afirmación final de Jesús es la clave de todo el pasaje: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." En un mundo de verdades cambiantes, de promesas rotas y de realidades efímeras, esta es una roca inamovible. Nos da una certeza absoluta en la Palabra de Jesús. Todo lo demás puede desvanecerse, pero sus palabras, su enseñanza, sus promesas, son eternas y verdaderas. Esto nos llama a construir nuestra vida sobre esta roca, a confiar plenamente en su Palabra, a hacerla el fundamento de nuestras decisiones y de nuestra esperanza. Es una invitación a una fe robusta, que no teme las vicisitudes del mundo, porque sabe que la Palabra de Dios permanece para siempre.
Preguntas para la reflexión
¿Qué "signos" en mi vida personal o en el mundo me están invitando a discernir la cercanía del Reino de Dios?
¿Soy como el agricultor que observa la higuera, o me cuesta reconocer la presencia y la acción de Dios en los acontecimientos?
¿Qué significa para mí que "el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán", y cómo esta verdad impacta mi confianza en Jesús?
¿Cómo puedo hacer de la Palabra de Jesús el fundamento inmutable de mi vida, en medio de la incertidumbre y el cambio?
¿Qué me impide vivir con la convicción de que el Reino de Dios "ya está cerca" y cómo puedo fortalecer esa esperanza activa?
Oración
Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra, que es roca firme en medio de la inestabilidad de este mundo. Concédenos ojos para discernir los signos de los tiempos y corazones vigilantes que reconozcan la cercanía de tu Reino. Que tu Espíritu nos enseñe a leer la historia con fe y a construir nuestra vida sobre la certeza de tus palabras, que no pasarán. Que vivamos con una esperanza activa, sabiendo que tu Reino está cerca y que tú vienes con poder y gloria. Amén.