Salmo 148,1-2, 11-14
"Alabanza Cósmica y la Gloria del Pueblo de Dios"
“1 ¡Aleluya! ¡Alaben al Señor desde el cielo, alábenlo en las alturas! 2 ¡Alábenlo, todos sus ángeles, alábenlo, todos sus ejércitos!... 11 los reyes de la tierra y todas las naciones, los príncipes y los gobernantes de la tierra; 12 los jóvenes y las vírgenes, los ancianos y los niños: 13 ¡Alaben el Nombre del Señor! Porque sólo su Nombre es sublime, su majestad está sobre el cielo y la tierra. 14 Él exalta la fuerza de su pueblo y la gloria de todos sus fieles, de Israel, el pueblo de sus íntimos. ¡Aleluya!”
Contexto
El Salmo 148 es uno de los himnos finales del Salterio, una grandiosa sinfonía de alabanza que convoca a toda la creación, desde los seres celestiales hasta los elementos de la naturaleza y toda la humanidad, a unirse en un coro universal para glorificar al Creador. Los versículos seleccionados se centran en la alabanza de los seres celestiales y, de manera muy especial, en la convocatoria a toda la sociedad humana, para culminar con la alabanza particular del pueblo de Israel.
Tema Central
El tema central es una llamada universal a la alabanza, reconociendo la sublimidad y la majestad incomparables del Nombre del Señor. La alabanza es la respuesta adecuada de toda la creación a su Creador. Dentro de esta alabanza cósmica, se destaca el papel especial del pueblo de Israel, a quien Dios "exalta" y constituye como "gloria de todos sus fieles", revelando así su relación de intimidad particular con ellos.
Aplicación a nuestra actualidad
Este salmo nos invita a ampliar nuestra visión de la alabanza y a encontrar nuestro lugar en este coro universal:
La Liturgia del Universo: La alabanza a Dios no es algo que "inventamos" o que ocurre solo dentro de las iglesias. El salmo nos revela que el universo entero es un templo y que toda la creación está inmersa en una liturgia cósmica. Los ángeles, los ejércitos celestiales, las estrellas, la naturaleza... todo alaba a Dios. Nuestra alabanza humana es un unirnos a este canto que ya está resonando. Esto nos invita a vivir con una conciencia más contemplativa, escuchando la alabanza silenciosa de la creación.
La Alabanza Unifica a la Humanidad: Al convocar a "reyes", "naciones", "príncipes", "jóvenes", "ancianos" y "niños", el salmo nos muestra una visión ideal de la humanidad. La alabanza a un Creador común es el gran unificador que trasciende todas las barreras de poder, edad, género y nacionalidad. En un mundo tan dividido, la adoración al único Dios es el camino hacia la verdadera fraternidad.
La Razón de la Alabanza: La Sublimidad de Dios: "¿Por qué alabar? Porque sólo su Nombre es sublime, su majestad está sobre el cielo y la tierra". La alabanza no es para "hacer sentir bien a Dios", sino la respuesta lógica y asombrada ante su grandeza incomparable. Es el reconocimiento de la Verdad.
La Gloria del Pueblo de Dios: "Él exalta la fuerza de su pueblo y la gloria de todos sus fieles, de Israel, el pueblo de sus íntimos". ¿En qué consiste esta gloria? No en el poder terrenal, sino en la "intimidad" con Dios. La mayor gloria de Israel, y hoy de la Iglesia, es su relación cercana con Dios. Somos exaltados no para nuestro propio orgullo, sino para ser un signo más claro de la gloria de Dios en el mundo. Nuestra santidad, nuestra unidad, nuestra caridad son parte de esta "gloria" que Dios quiere manifestar a través de nosotros.
Este salmo es un antídoto contra el individualismo y el antropocentrismo. Nos saca de nuestras pequeñas preocupaciones y nos sitúa en el gran escenario de la creación, invitándonos a tomar nuestro lugar como la voz consciente de la alabanza del universo. Y nos recuerda que nuestra mayor dignidad como creyentes es ser "íntimos" de Dios y reflejar su gloria.
Preguntas para la reflexión
¿De qué manera puedo yo hoy "unirme al coro cósmico" de alabanza a Dios, reconociendo su gloria en la naturaleza que me rodea?
¿Cómo puedo contribuir a la unidad de la familia humana, reconociendo que todos, sin distinción de estatus o edad, estamos llamados a alabar a un mismo Creador?
¿Qué significa para mí que "sólo el Nombre del Señor es sublime"? ¿Cómo se refleja esta verdad en mis prioridades y en lo que considero verdaderamente importante?
¿Entiendo mi "gloria" como creyente no como un mérito personal, sino como la gracia de ser "íntimo" de Dios y de ser llamado/a a reflejar su majestad?
¿Mi alabanza personal y comunitaria tiene esta dimensión universal y cósmica que describe el salmo, o es a menudo demasiado centrada en mis propias necesidades?
Oración
¡Aleluya! Señor, te alabamos desde el cielo y desde la tierra. Nos unimos a tus ángeles y a toda la creación para glorificar tu Nombre sublime. Que todos los pueblos, los gobernantes y los humildes, los ancianos y los niños, te alaben. Te damos gracias porque has exaltado a tu pueblo y nos has hecho tus íntimos. Que nuestra vida sea una alabanza constante a tu majestad, que está sobre el cielo y la tierra. ¡Aleluya! Amén.